Al padre que fuiste
Mi papá tenía un corazón muy grande, muy grande.
Celebraba cada cumpleaños como si fuera el último. Hacía de cada celebración una fiesta, un retorno a la alegría, y cada año nos mostraba su gran amor por la vida.
Mi papá y su corazón no cabían en la tierra. Tuvo que tomar decisiones duras, que a veces podían parecer injustas para muchos, porque siempre quiso que la gente aprendiera, creciera e hiciera lo correcto.
Nunca dije que fue perfecto. Fue humano, fue hombre; pero también fue amigo, buen padre, excelente profesional y una persona de valores muy firmes. Diría que casi incorruptibles.
Papá fue duro, fue exigente, fue leal, porque en su mundo no cabía la mediocridad. No hacía nada a medias, no vivía por la mitad. Siempre iba por todo, con fuerza, como un toro rebelde.
Todo lo que me dejó fue su ejemplo (lo que más valoro, lo que más recuerdo). Parto desde la constancia y la entrega que él le puso a todo siempre. Creo en su firmeza, creo en su política de nunca aliarse con quienes no aporten, ni crezcan, ni se alegren de sus triunfos.
Mi padre tenía un corazón muy grande. ¡Lo repartió entre tantos! Amaba a muchísima gente y ayudó a más de la que podré contar. Sé que mucha gente también lo amó de vuelta.
Era firme, era mástil, era fuego. Donde esté ahora, seguro sigue siendo un líder, solo aspiro a que al menos allí, sea feliz y sea libre.
¡Feliz cumpleaños papita, de aquí hasta el cielo!
Tu hija,
Jael
Te doy permiso de compartir mis textos. Por favor no olvides mis créditos.







